Desde tiempos antiguos, en América ha existido una profunda devoción hacia las fuerzas sagradas que sostienen el cosmos, la tierra, las plantas, los animales y la vida misma. En los Andes, montañas, vertientes, piedras y arroyos han sido reconocidos como espacios que encarnan lo divino, lugares donde se depositan ofrendas y se sostiene la fe de las comunidades.

Con la llegada de la colonia, nuevas imágenes cristianas —Cristo, María, santos y vírgenes— se incorporaron a un mundo espiritual ya profundamente arraigado. Lejos de reemplazar las antiguas formas de culto, muchas de estas figuras fueron integradas a estructuras rituales andinas, generando nuevas expresiones de devoción y continuidad simbólica.

Así, los cerros comenzaron a vestirse de María, y las antiguas huacas se transformaron también en escenarios de apariciones sagradas. Cada imagen conserva una historia de origen que, año tras año, revive en las festividades religiosas mediante danzas, músicas, máscaras y despliegues rituales que actualizan la memoria colectiva de los pueblos.

Lápices, fotos e historias. La escucha profunda y la creatividad hecha ilustración han dado vida a esta propuesta de evangelización profana llamada Cultico Pagánico.

Virgen del Carmen de Paucartambo

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Virgen de Copacabana

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