Difunta Correa

La Difunta Correa fue una mujer que, según la tradición popular argentina, atravesaba una zona árida de la pampa con su hijo en brazos, buscando a su marido, quien se encontraba combatiendo en la guerra. El calor y la sed fueron tan intensos que, agotada, cayó desvanecida sobre el suelo.

Su bebé, aún con vida, se aferró al cuerpo de su madre y logró sobrevivir alimentándose de su leche materna. Días después, cuando la encontraron, ella ya había muerto, pero el niño seguía vivo gracias a ese último gesto de vida que su cuerpo le había entregado.

Desde entonces, el pueblo argentino la venera con profunda fe. Aunque no es reconocida oficialmente como santa por la Iglesia, la Difunta Correa ocupa un lugar central en la religiosidad popular, donde es considerada una figura milagrosa, protectora de los viajeros y símbolo de amor materno, sacrificio y devoción.